La isla de Fernando de Noronha es un edén en mitad del Atlántico declarado Patrimonio Mundial por la Unesco y al que rodean 20 islotes reservados para la investigación científica. Descubierta por Americo Vespucio, se la disputaron ingleses y holandeses a los portugueses, y también llegó a ser presidio. Hoy es un ejemplo de turismo sostenible gracias a su acceso restringido. Sin duda, una tentación inigualable para cualquiera que busque perderse unos días junto al mar en pareja, no sin antes haber viajado al pasado en la coqueta Olinda. Para que no le falte ningún ingrediente a este viaje de puro placer.
La leyenda cuenta de Olinda que su nombre procede de la exclamación del primer portugués que avisto el lugar: “Oh, ¡linda situação para se construir uma vila!» (¡Oh, bonito lugar para construir un pueblo!). Subiremos sus irregulares calles adoquinadas, jalonadas de coloridas casas envueltas en un romántico aire decadente, hasta alcanzar a ver el océano entre las palmeras. A más de 500 km de distancia nos aguardan la considerada la playa más bonita de Brasil y apabullantes atardeceres sobre el Atlántico, así como un sinfín de actividades para los amantes de los deportes ‘outdoor’. En Fernando de Noronha, cómo no.








