Borneo es la tercera isla más grande del mundo, se dice pronto, y su costa norte es territorio malayo, donde todo es posible. En Kuching descubrimos el desaforado y curioso culto a los gatos de la ciudad –su nombre significa «gato» en malayo…–, además viviendas comunales de cientos de metros de largo y las leyendas en torno al primer rajá blanco. A partir de aquí se nos acumulan los planes, todos fantásticos y con un componente de aventura de diverso grado. Sin salirnos realmente de Kuching, en el Semenggoh Wildlife Centre tendremos la oportunidad avistar a una de las criaturas más similares al ser humano: el orangután. En otras dos reservas naturales, la de Bako y Batang Ai, nos encontraremos con el mono narigudo y hallaremos playas desiertas al final del camino.
En borneo también tendremos la oportunidad de internaremos por cuevas decoradas con bellas estalagmitas, alguna hogar de infinidad de murciélagos (a esa no entraremos) y otra con el título de ser la más inmensa gruta del mundo. La mayor hazaña será ascender el monte Kinabalu, a 4.095 m, tras dos jornadas de animada caminata por senderos que nos llevarán desde la selva hasta un sorprendente paisaje subalpino en pleno trópico, con el amanecer como guinda de la experiencia. Seguiremos rumbo Este tras los pasos de Sandokan para conocer otras maravillas naturales. Y el mayor nivel de relax lo encontraremos en la isla de Gaya, el último refugio del pirata malayo, con sus playas de arenas blancas y aguas cristalinas, sin apenas turistas en el horizonte.















