Tocar el cielo con la punta de los dedos solo es posible en Nepal, país poblado de ciudades milenarias y de cumbres sagradas. Aterrizamos en la capital, Katmandú y sus bulliciosas calles. En Patan nos sobrecogerá su proverbial belleza, si bien causa mayor impresión acercarnos en helicóptero al pico más alto del mundo, el Everest. Por las estribaciones del Annapurna nos daremos la primera caminata, que terminará en un lodge de montaña con maravillosas vistas.
Atravesaremos campos de arroz y bosques subtropicales, y desde la antaño rica Bandipur alcanzaremos el río Seti para descenderlo en rafting. También aprenderemos a cuidar a nuestro propio elefante en el parque nacional de Chitwan y, de vuelta en Katmandú y tras haber conocido los secretos de la artesanía y gastronomía nepalí, saltaremos a Bhaktapur, declarada Patrimonio Mundial, y Dhulikhel, donde la última noche será en un balcón sobre los Himalayas.













