En el norte de Vietnam todo cambia y todo sigue igual; la visión que te dará de un país tan dinámico como Vietnam será poliédrica. En la capital, Hanói, su pasado se manifiesta de formas muy diversas. Al padre de la patria Ho Chi Minh se le sigue rindiendo culto en un rotundo mausoleo, mientras que la vertiente budista del país –que lo explica casi todo– la encarnan bellas pagodas como la de Tran Quoc. Los restos del colonialismo francés los encontrarás tanto en la arquitectura como en la cocina. Y lo mismo sirve como medio de locomoción un jeep que un tuctuc que una Vespa.
Hoa Lu fue el centro del país en el siglo X. Su elección como capital se debió a su posición en un valle llano rodeado de una red de colinas que forman una muralla natural de belleza única. En bicicleta podrás llegar a la pagoda Bich Dong, mientras que en el muelle te espera un pequeño sampán para navegar entre tupidos peñascos kársticos y arrozales delineados con escuadra y cartabón sobre el paisaje.
Esos peñascos de piedra también salpican, a cientos, la bahía de Halong. En una confortable embarcación de madera construida al modo tradicional y con suites de hasta 20 metros cuadrados navegarás junto a estas formaciones rocosas, en una de cuyas cuevas te adentrarás por la mañana. A bordo se impartirá una demostración de cocina vietnamita y, al caer la noche, se podrás practicar la pesca del calamar con viejas técnicas locales. Si querías una anécdota que contar al volver a casa, esta puede ser de las mejores.













