Angkor. Los días de gloria del imperio jemer
Por mucho que te lo cuenten, tienes que verlo, porque no darás crédito. La construcción de los templos de Angkor fue fruto del poder incuestionable del imperio jemer en la región entre los siglos IX y XV. Pero igual que alcanzó unas cotas de esplendor insólitas, se vino abajo casi de un día para otro. Solo aguantaron en pie sus templos de inmensas proporciones, que conoceremos de menos a más, empezando por el de Prasat Chrung, menos concurrido.
Sobre su devenir histórico hablaremos durante un picnic junto al gran embalse de Sra Srang. El secreto del éxito del imperio jemer fue precisamente su sistema de irrigación, que zozobró debido a la megalomanía de sus reyes. Cuando funcionaba a pleno rendimiento, era responsable de dar entre dos y tres cosechas de arroz al año, toda una proeza agrícola entonces.
Bien alimentada, su población era capaz de levantar otras maravillas como Angkor Thom, donde las estatuas con las 200 caras de Buda nos miran con un sinfín de sonrisas. En el de Ta Phrom, las raíces de enormes ficus y tetrameles se enredan dramáticamente entre los sillares, escenario donde el rey Loui bailaba alocadamente con Mogwly. Con una planta rectangular de 9,6 kilómetros de perímetro, Angkor Wat puede considerarse el edificio religioso más grande del planeta, una magnífica montaña-templo constituye nada menos que un modelo terrenal del universo.








