Es la caída de agua con mayor caudal del mundo junto a las cataratas del Iguazú. De más de un kilómetro de longitud, son capaces de precipitar 60 millones de litros de agua por minuto. Así, su sonido se puede apreciar a más de 40 km, mientras que su bruma se puede observar a 50 km. Pasearás al borde de precipicios para ver esta monumental caída, sumando la posibilidad de verlas desde el aire y también de remontar el río Zambeze en barco para contemplar el sereno atardecer desde su cubierta.
David Livingstone las llamó Cataratas Victoria en honor a la reina de Inglaterra cuando el misionero y explorador escocés las visitó por primera vez en 1855. Pero ese no es su verdadero nombre, porque ya tenía otro, con mucha más fuerza y sin duda más sugerente: Mosi-oa-Tunya, “el humo que truena”.
Atrona porque el río Zambeze se desploma desde una meseta de basalto por una caída de entre 80 y 108 metros. En abril, al final de la época de lluvias, el agua pulverizada llega a alcanzar los 800 metros de altura y la cortina de la cascada apenas se ve, mientras que en los paseos a lo largo del acantilado parece que atravesaras un túnel de lavado de coches.










